sábado, 21 de septiembre de 2013

Encuentros y desencuentros.

Cuando en la vida te enteras de una traición pueden pasar dos cosas: tirarte al vicio o encontrarle el lado bueno y seguir. Yo opté por lo segundo.

Hoy hace un mes y medio mi ex pareja, el padre de mi hija, me la soltó:

Hace tiempo que estoy con tu hermana.

Se imaginarán una cara de asombro del tamaño del mundo pero no es así. Siento decepcionarlos ya que , hace ya 3 años, yo misma pude verlos y aunque en el momento lo negaron (porque todavía había promesas de una reconciliación) la semillita de la duda, nunca se fue.

El primero año para mi fue una pesadilla, un buscar pistas y mensajes que me llevaran a descubrir la verdad entre ellos. No salí de vacaciones, no salía ni a la esquina para encontrar respuestas. Pero una luz (sí, una luz) me llegó y vi que durante toda mi vida había deshechado lo que me hacía daño ¿por qué no podía hacerlo ahora?

Entonces me di a la tarea de preguntarme y responderme ¿le amas? no ¿te dolió? si ¿tienes ganas de morir? no ¿puedes y tienes ganas de sonreír? si

Me di cuenta que quería respuestas para tapar lo que yo estaba haciendo en ese lugar, en medio de ellos dos, que eran tal para cual. En realidad yo vi que el amor entre nosotros se acabo a los 3 meses de empezar pero quise continuar porque creí que mi hija necesitaba una figura paterna, porque en realidad yo siempre tuve un padre, igual, ausente a veces pero, ahí estaba.

No pasó mucho cuando entendí que mi meta en la vida jamás fue estar amargada ni haciendo la vida amarga a nadie. Siempre he sido práctica, rápida para salir de los dolores. Si la muerte de mi papá la superé, esto sería juego de niños. Entonces los siguientes dos años fueron hermosos, cerrada al amor, pero hermosos. Disfruté de mi hija, viajamos, pude salir como antes , así , como ustedes me conocieron. En ese tiempo llegaron 3 o 4 personas que intentaron algo conmigo pero yo estaba muy decidida a quedarme así, por dolor, por miedo. En el fondo creo que si hubieran sido para mí, algo habría pasado y estarían ahora conmigo, pero no estaba lista todavía o jamás encendieron la chispa.

Pero luego vino la confesión. Fue un momento de alegría de decir ¡no estaba loca! ¡yo tenía razón! mis dudas tenían fundamento, pero cuando acabo la algarabía, siguió el desconcierto: y ahora ¿qué sigue?

Fueron 3 días en que medité, lo escribí y lo platiqué. 3 días que me parecieron eternos porque no lograba saber si saldría en el periódico por matar a dos personas o si la vida seguía para mí.

Nada más 3 días me bastaron para dar gracias:

A él, por decirme.
A ella, porque antes de enterarme me hice mil preguntas sobre si haber terminado con él había sido lo mejor o peor para mí hija. Porque, aun cuando terminas algo, te queda la sensación que tal vez pudiste luchar más y te culpas en el fondo de no saber amar.

Gracias a saber lo de ellos, pude borrar lo de que había sido la mejor relación que había tenido, tan sólo porque una hija salió de ahí y pude pensar que lo mejor, está por venir.

Los consejos fueron que la dejara en mal con todo mundo, que a su esposo le contara para que la dejara y a él, que no le permitiera jamás ver a mi hija. ¿Con qué fin?

A ella, su conciencia no la dejará jamás, quizás en el fondo si se enamoró y no puede estar con él, por lo cobarde que se vio, al decir lo que había pasado. Y yo, créanme, le extendí mi mano y le dije que aquí estoy cuando me necesite, la confianza jamás será la misma, pero trataré siempre de ayudarla cuando pueda, no puedo ser mala, no me nace. El secreto se queda entre los 3.

Con él, tengo mis razones para que no vea a la niña, ni a mí, pero en lo que hizo con mi hermana, ahí no tengo ni que reclamar ni que hacer porque mi amor por él se había esfumado mucho antes. Mi mano no se la puedo ofrecer porque ya antes me había decepcionado, esto me dolió pero fue por la forma en que se expreso de ella. El dolor fue porque en realidad él no sabe más que jugar con las personas, como si fueran piezas de ajedrez.

Mi vida siguió y bien. Ahora estoy bien segura que mi hija y yo estamos solas pero felices y ella, la niña, sin saber lo que pasó, jamás volvió a nombrarlo.

Hoy no habitan miedos ni desconfianzas, ni tengo puesta mi cara de víctima. Esto me vino a liberar de muchas cosas, aunque suene tonto, me vino a fortalecer como persona y como mamá. No lloré porque no había por quién llorar. No grite por los rincones, ni pienso jamás echarle en cara a mi hermana tal cosa. Cuando yo digo que perdono y olvido, así lo hago, si no, mejor me voy.

Estoy bien, se me nota. Mi sonrisa es sincera, mi felicidad también. No sé si ellos seguirán de nuevo o si su amor es tan grande que algún día quedarán juntos pero, ya no me preocupa, ese ya jamás será mi problema. Puedo decir que mi carrera detectivesca que empezó con ellos, aquí termina.